Referencia Catastral Cantabria

Municipios

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Cantabria tiene una relación especial con la lluvia que ninguna otra comunidad del Mediterráneo o del interior puede pretender entender del todo. La lluvia aquí no es un inconveniente ocasional: es un dato estructural que ha moldeado durante siglos no solo el carácter de los cántabros sino también —y esto es lo que nos interesa desde el punto de vista catastral— su arquitectura. Las casonas montañesas, esas viviendas tradicionales con aleros generosos que vuelan sobre la fachada para proteger la entrada de la humedad, con corredores de madera cerrados que convierten la terraza en una especie de invernadero habitable, son un tipo constructivo absolutamente propio que el Catastro registra en abundancia en las zonas rurales del interior. Son inmuebles con fechas de construcción muy antiguas que conviven con reformas modernas sin que eso siempre se refleje con precisión en el registro.

Santander primero. La capital cántabra tuvo un episodio traumático en febrero de 1941: un temporal de viento sur —el «bochorno» que en Cantabria todo el mundo conoce— provocó un incendio que en pocas horas destruyó prácticamente todo el casco histórico de la ciudad. Ese drama tiene una consecuencia catastral muy concreta y muy visible: el centro de Santander es en su mayor parte una ciudad construida en los años 40 y 50 del siglo XX, con el urbanismo racionalista que dominaba la arquitectura española de la posguerra. Es literalmente la huella del fuego en el Catastro, legible en las fechas de construcción de los edificios del centro.

El Sardinero sí sobrevivió al incendio —estaba en el otro extremo de la bahía—, y sus hoteles y palacetes de verano de la Belle Époque tienen referencias catastrales de una antigüedad que el centro destruido ya no puede tener. El Casino del Sardinero, el Gran Hotel, las villas de veraneo construidas para la familia real y la burguesía madrileña de principios del XX... son el testimonio arquitectónico superviviente que el Catastro conserva.

Torrelavega —la segunda ciudad cántabra, industrial y de servicios— tiene un tejido urbano muy diferente al de la capital, más obrero y funcional. Castro-Urdiales, en el límite con el País Vasco, tiene un casco histórico medieval con una iglesia-fortaleza gótica sobre el promontorio que es uno de los edificios más imponentes de la costa cantábrica. Laredo, Santoña, San Vicente de la Barquera... municipios costeros con un turismo estival activo y un parque inmobiliario de segunda residencia que el Catastro recoge en distintas generaciones de construcción.

La Liébana —ese valle interior junto a los Picos de Europa, con Potes como capital y el Monasterio de Santo Toribio como referencia espiritual— tiene un turismo de naturaleza y de turismo religioso (los peregrinos del Año Jubilar Lebaniense) que genera demanda de alojamiento rural. Las casas lebanigas de piedra y madera, muchas rehabilitadas en los últimos veinte años, tienen referencias catastrales con fechas de construcción original del XVIII o antes y fechas de reforma reciente.

Son 102 municipios. La referencia catastral de cualquier inmueble cántabro —casona en el interior, villa en El Sardinero, casa en Liébana o piso en el centro de Santander— está localizable aquí seleccionando el municipio.

Fuente: Dirección General del Catastro. Datos de acceso público sin información personal de propietarios.

Total Inmuebles
611.794
Superficie Media Inmueble
190
Población
593.964

A nivel macroeconómico y estructural, el tejido general de la provincia reúne un total acumulado de 611.794 fincas con una superficie media construida de 190 m². Este magnífico parque inmobiliario da soporte vital a una demografía provincial de 593.964 habitantes. Este equilibrio de factores productivos y registrales consolida a la provincia como un enclave estratégico dentro del panorama autonómico.

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